Con varias cicatrices selladas y una herida aún fresca, inicio este viaje hacia el mundo que tanto postergué...
Fueron varios los motivos pero ninguno con tanta importancia como el miedo, el cual a veces es necesario tenerlo para diagramar bien el próximo movimiento antes de lanzarse a la acción, el problema surge cuando ese miedo domina el Ser por completo, paralizándolo y dejándolo cuasi piedra en medio de una llanura cuyo paso del tiempo, a corto plazo, no le afecta; pero sí el constante roce de la Naturaleza con el paso de los siglos.
Así era yo, una piedra.
Hace un par de años, un rayo de conciencia impactó en mis ojos, sentí que nacía de nuevo... en ese renacimiento volví a aprehender más de lo que creía haber aprendido: tomé conciencia que no sabía nada, qué gran decepción.
Gracias a mi naturaleza reinventiva, comencé a construirme con lo poco que tenía en mi manos; sorpresivamente noté que en mi alrededor observaban mi figurín de arcilla y eso me animó a seguir con ella. Lo armaba de acuerdo al aplauso de los demás.
Pobre ilusa.
Al ser novata en todo, se es muy fácil caer en espejismos, duendes y mushis. Pero de esa manera se aprende a sobrevivir y hasta ahora lo he logrado.
Aunque estuve virtualmente fuera de mi camino: por querer tomar atajos, éstos me llevaron a ninguna parte y tan solo me dejaron secuelas de las que ahora las miro como cuentas de rosario.
He terminado de rezar la última cuenta de esta primer parte del camino.
Ahora, aun aturdida de dolor y fatiga, estoy renaciendo (nuevamente) enfocada hacia un peregrinaje interno, ahora la construcción es para y por mí.
Difícil tarea.
Sigo en medio de las penumbras, la única luz que me ayuda a continuar en movimiento está débil pero sé que es eterna, tan solo se apagará el día que me dé vencida.
Por suerte, cuento con una serie de energías, exteriores a mí, que me rodean y nutren a mi pequeña luz para que yo continúe caminando... Parte de mi fortaleza son esas energías que me aceptan y me comprenden tal cual soy.
Marez
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